jueves, 30 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXIX)


A la izquierda le correspondía la igualdad, o sea, procurar que los ciudadanos vivieran en unas condiciones socioeconómicas lo más similar posible. Así, no existirían las clases ni las desigualdades e injusticias que se dan en nuestro mundo. A partir de ahí, comenzaba lo malo para Razic. Para cumplir este digno propósito, se coercían, se abolían las libertades de los ciudadanos ya que por mucha fortuna que intentaran hacer; siempre tendrían una circunstancia idéntica (siempre hablando en condiciones materiales) que el prójimo. Además, una parte esencial de su vida estaría controlada totalmente por el sistema antilibertario. Del mismo modo, este régimen sería viciado y condenado a desaparecer ya que los trabajadores en él no hallarían motivación alguna para continuar cumpliendo su labor al ver que hicieran lo que hicieran cobrarían siempre lo mismo. Y todo esto suponiendo que los gobernantes fueran honestos y probos, alejados de las corruptelas y fieles a los principios comunistas.

miércoles, 29 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXVIII)


Durante toda la noche –en la que como de costumbre permaneció allí- llenó la pared de pintadas anarquistas que inspirarían a una nueva ultraderecha basada en la más total y absoluta libertad e independencia humana. Según él, la izquierda y derecha poderosas (no se refería a izquierda y derecha políticas porque creía que la política no existía como tal sino como una forma de poder y gobierno, es decir, de opresión) se agrupaban teórica y abstractamente – él mismo reconocía abiertamente que sus pensamientos en ocasiones no tenían parangón con la práctica, con la realidad-  en dos ideales. 

lunes, 27 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXVII)


Entonces, consciente de la inutilidad de las palabras, Vladimir calló y prosiguió pajeándose y tomando nota como si yo no existiera; ignorándome a la usanza del gran fingidor que se autoengaña simulando no conceder un ápice de importancia a lo único que le interesa en ese momento. Razic era definitivamente, todo un artista.

jueves, 23 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXVII)


Vivía en la calle hasta que se instaló en el círculo de los misántropos –sin previo ofrecimiento de su propietario- trasladando allí su particular biblioteca de volúmenes robados, antiguos y mugrientos.
                    
-          ¿Y tú porque no trabajas? –un día descaradamente le inquirí.
-          El tiempo es demasiado valioso para emplearlo haciendo cosas que no quiero hacer. Prefiero ser un muerto de hambre libre, haciendo lo que me venga en gana a ser un esclavo del trabajo millonario mas amargado por no ser lo que quiere ser.
-          ¿Y es esto lo que quieres ser, un bebedor sin techo patético?
-          Nada de eso. Eso es lo que puede parecer. Desde fuera. A mentes superficiales. Soy el Diógenes del siglo XXI –afirmaba mientras sostenía sus escritos sobre filosofía con la misma mano con la que intentaba bajarse la cremallera del gris pantalón para masturbarse tumbado, plácidamente como solía hacer cada mediodía.
-          Otro cualquiera ya te hubiera echado (con severidad bonachona).
-          No hables como si me hubieras salvado la vida. Yo estoy de algún modo “laborando” aquí como publicista, portero y promotor de actividades.
-          Todo me parece bien mientras no te creas que esto es tuyo.
-          Nada es de nadie.
-          No vuelvas con tus gilipolleces paranoicas de filosofía barata (me voy y vuelvo para decir algo).
-          Y menéatela en un sitio más recogido; donde nadie te vea. Hay gente a la que le das asco.
-          Otra vez impidiéndome ser libre. No me toques la polla.
-          Esto es una comunidad; de antisociales vale, pero al fin y al cabo una comunidad.
-          Claro, una comunidad con normas, reglas y coerciones (irónico, exaltado, con medio pene fuera).
-          Me estás tocando los cojones; esto es mío y aquí yo hago lo que quiero –cada vez más enojado, subiendo el tono de voz.

lunes, 20 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXVI)


El del club, Vladimir Kezic; era un borracho parado vagabundo que se despojaba del estilo de vida occidental –caracterizado por la comodidad, el trabajo rutinario y monótono de 8 horas, la aceptación gregaria del sistema, etc.- deviniendo en un vagabundo que moría por sus ideales, por su vida bohemia, por sus lecturas sumamente analíticas de Kafka, Goethe, Dostoyevski, Borges y sobre todo de filósofos como Dilthey o Heidegger. Además, se dedicaba a estudiar idiomas los cuales aprendía en apenas una semana con una facilidad pasmosa (como la mayoría de los balcánicos).

sábado, 18 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXV)


Sin embargo, había algo, un espíritu esotérico, un sentimiento abstracto y vero o un feeling intangible que nos era común y conocido a ambos.
                 
-          Los amigos estamos para algo más que para salir de copas-  me recordaba en mi cabeza mi camarada.

Y era verdad, una amistad auténtica no era un pasatiempo o una compañía con la que pasar el rato y entretenerse. Era algo más profundo, un sentimiento más noble; el más noble quizá de cuantos existen.

miércoles, 15 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXIV)



Estábamos convencidos de que algo nos estaba destruyendo por dentro. No sabíamos si era el amor, el tiempo o los melocotones en almíbar que ingeríamos desde el refrigerador incluso cuando yacían caducados de dos meses. Esos duraznos que teníamos pena de tirar y acabábamos por comer porque tirarlos sería un verdadero desperdicio, una pena, un desaprovechamiento del típico niño mimado consumista (no confundir con comunista salvo en inhonrosas y frecuentes excepciones) que al tener de todo no aprecia nada.

sábado, 11 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXIII)


Indudablemente, la presencia más destacada fue la de un tarado que coadyuvó conmigo desde que vio el letrero en la puerta que le recordó al disco más dylaniano de The Beatles. En el club, él y yo borrachos cada noche cantábamos canciones tristes de Joy Division (contradicción del el nombre del grupo) agarrados del hombro hasta cansarnos quebrándonos la voz ya enronquecida como miembros de una misma hermandad, de una misma desgracia.
                 
-          Love, love will tear us apart again- repetíamos una y otra vez con tono propio de barítono.

domingo, 5 de junio de 2011

Sombras en la noche (LXII)


La primera presencia reseñable fue la de un joven granadino muy blanco de piel y casi autista hasta el punto de no hablar con nadie (aún cuando se le preguntaba) ni mirar jamás a los ojos de ninguno. Él se limitaba a sacar su cuaderno y unos apuntes realizando especulaciones y problemas matemáticos inútiles. De vez en cuando, miraba con pudor, embozo y secretismo a los pocos que habitábamos la sala. Juraría que desearía superar su timidez apabullante y establecer contacto con el resto; mas no podía. Luego, se marchaba aburrido a casa en la que tenía el arropamiento obsesivo de su madre habiendo fracasado en su propósito, otra vez.