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viernes, 25 de diciembre de 2020

Los golpes de Estado de la II República (V): La Revolución de octubre (III)

 

Es en Asturias donde la revolución triunfa. Con la ayuda de la CNT –inexistente en el resto de España- la UGT liderada por el diputado socialista González Peña toma el poder en toda la provincia. Se suceden asesinatos, de religiosos, guardias civiles y hombres de negocios, hombres a los que la izquierda siempre odió. En torno a 100 en menos de 2 semanas, se calcula.

El ministro de la Guerra aconsejado por Francisco Franco y Goded decide enviar a los regulares moros y a la Legión Extranjera. Toman sin excesiva oposición los puertos de Avilés y Gijón y bombardean algunos enclaves.

El bloqueo naval y la presencia del Ejército de África significaban el fracaso marxista, pero aún hubo otra semana de resistencia. Se estima que hubo aproximadamente 250 bajas por parte del ejército y 850 por los revolucionarios.

Los golpes de Estado de la II República (III): La Revolución de octubre (I)

 

La izquierda –en la que subsumimos a globalistas actuales en todos sus posibles géneros y denominaciones: socialdemócratas, democratacristianos,  liberales, conservadores…- tiene como costumbre inmemorial el no aceptar los resultados democráticos cuando no se ajustan a sus pretensiones.

Azaña había creado una ley electoral que favorecía al partido más votado. Le salió el tiro por la culata.

En noviembre del 33 ganó la Confederación Española de Derechas Autónomas de Gil Robles. Con una diferencia de menos de 250.000 votos, las derechas tenían más del doble de escaños que las izquierdas.

El cobarde de Alcalá-Zamora sucumbió a las presiones de la izquierda y no llamó a Gil Robles a formar gobierno sino al centrista Lerroux.

Empero, el PSOE y los nacionalistas catalanes ya habían decidido conquistar el poder por las armas. Los primeros a por la revolución, los segundos a por la indapandansia.

El 3 de enero del 34, Indalecio Prieto declara al diario el Socialista: "Concordia no, guerra de clases. Concordia sí, pero entre los proletarios de todas las ideas... Pase lo que pasa, ¡Atención al disco rojo!".

En febrero, los anarquistas de la CNT le proponen a la UGT de Largo Caballero una alianza revolucionaria que el Lenin español, que había apoyado a Miguel Primo de Rivera, aceptó.

La prueba definitiva del que el PSOE preparaba una revolución armada, fue la compra por parte de Prieto, Negrín, González Peña y Amador Fernández de un importante alijo de armas descubierto el 9 de septiembre del 34 por la Guardia Civil a bordo del Turquesa. Una parte de las armas había sido ya trasladada a la Diputación provincial –controlada por el PSOE- y se usó en la revolución iniciada un mes más tarde.

La Esquerra Republicana de Catalunya era un partido racista -medían cráneos de catalanes para distinguirlos de los españoles, alentaban a las mujeres a no casarse con castellanos etc.-, cuya ala radical, las Juventudes de Esquerra Republicana de Cataluña plagiaban al fascismo italiano que los protegió y financió: eligieron las camisas verde oliva como uniforme identitario, celebraron desfiles de carácter paramilitar e impulsaron sus propias milicias, los escamots.

Como movimiento burgués, se contraponían a la inmigración castellana que iba a trabajar a las fábricas del cinturón industrial de Barcelona así como al movimiento obrero al que reprimieron brutalmente.

Los jefes de estas juventudes eran, Dencás, Consejero de Gobernación hasta octubre del 34, que apareció tras el fracaso de la revolución en el balcón de Piazza Venezia junto al duce; y los hermanos Badía, uno de los cuales fue responsable de los Mossos de Escuadra, que fueron asesinados, en venganza, por los anarquistas en la Guerra Civil.