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viernes, 25 de diciembre de 2020

Los golpes de Estado de la II República (IV): La Revolución de octubre (II)

 

El 1 de octubre del 34 Gil Robles pide que su partido entre el Gobierno. Y pese a ser el partido más votado no exige ni la presidencia ni la mayoría de ministerios. 3 carteras ocupa –Agricultura, Justicia y Trabajo- únicamente.

Azaña, Martínez Barrio y Sánchez Román declaran que Alcalá-Zamora, a quién habían presionado, ha entregado la República a sus enemigos, lo cual supone en palabras de Azaña “una traición que rompe toda solidaridad con las instituciones actuales del régimen y afirma su decisión de acudir a todos los medios de defensa de la República”.

El PSOE y los catalanistas ya tienen la excusa para intentar derrocar al ejecutivo.

El 5 de octubre del 34, el PSOE y la UGT convocan una huelga nacional en todo el territorio nacional. El levantamiento en armas del proletariado fracasa en casi toda España.

En Barcelona, Dencás, consejero de Orden Público, aprovecha el caos para proclamarse Jefe de Gobierno de una Cataluña independiente. El presidente de la Generalidad le quita el micrófono y proclama el Estado Catalán de la República Federal Española e invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República a los dirigentes políticos contrarios al Gobierno.

Lerroux, aplicando la Ley de Orden Público proclama el estado de guerra y con suma facilidad y pulcritud el general Domingo Batet en poco tiempo vence la parva resistencia de algunos Mossos y obreros. 10 horas más tarde de la proclamación, Companys se rinde mientras Dencás huye por las alcantarillas rumbo a Italia.

Los golpes de Estado de la II República (III): La Revolución de octubre (I)

 

La izquierda –en la que subsumimos a globalistas actuales en todos sus posibles géneros y denominaciones: socialdemócratas, democratacristianos,  liberales, conservadores…- tiene como costumbre inmemorial el no aceptar los resultados democráticos cuando no se ajustan a sus pretensiones.

Azaña había creado una ley electoral que favorecía al partido más votado. Le salió el tiro por la culata.

En noviembre del 33 ganó la Confederación Española de Derechas Autónomas de Gil Robles. Con una diferencia de menos de 250.000 votos, las derechas tenían más del doble de escaños que las izquierdas.

El cobarde de Alcalá-Zamora sucumbió a las presiones de la izquierda y no llamó a Gil Robles a formar gobierno sino al centrista Lerroux.

Empero, el PSOE y los nacionalistas catalanes ya habían decidido conquistar el poder por las armas. Los primeros a por la revolución, los segundos a por la indapandansia.

El 3 de enero del 34, Indalecio Prieto declara al diario el Socialista: "Concordia no, guerra de clases. Concordia sí, pero entre los proletarios de todas las ideas... Pase lo que pasa, ¡Atención al disco rojo!".

En febrero, los anarquistas de la CNT le proponen a la UGT de Largo Caballero una alianza revolucionaria que el Lenin español, que había apoyado a Miguel Primo de Rivera, aceptó.

La prueba definitiva del que el PSOE preparaba una revolución armada, fue la compra por parte de Prieto, Negrín, González Peña y Amador Fernández de un importante alijo de armas descubierto el 9 de septiembre del 34 por la Guardia Civil a bordo del Turquesa. Una parte de las armas había sido ya trasladada a la Diputación provincial –controlada por el PSOE- y se usó en la revolución iniciada un mes más tarde.

La Esquerra Republicana de Catalunya era un partido racista -medían cráneos de catalanes para distinguirlos de los españoles, alentaban a las mujeres a no casarse con castellanos etc.-, cuya ala radical, las Juventudes de Esquerra Republicana de Cataluña plagiaban al fascismo italiano que los protegió y financió: eligieron las camisas verde oliva como uniforme identitario, celebraron desfiles de carácter paramilitar e impulsaron sus propias milicias, los escamots.

Como movimiento burgués, se contraponían a la inmigración castellana que iba a trabajar a las fábricas del cinturón industrial de Barcelona así como al movimiento obrero al que reprimieron brutalmente.

Los jefes de estas juventudes eran, Dencás, Consejero de Gobernación hasta octubre del 34, que apareció tras el fracaso de la revolución en el balcón de Piazza Venezia junto al duce; y los hermanos Badía, uno de los cuales fue responsable de los Mossos de Escuadra, que fueron asesinados, en venganza, por los anarquistas en la Guerra Civil.