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viernes, 25 de diciembre de 2020

Los golpes de Estado de la II República (VI): El Frente Popular

Como han demostrado documentalmente Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García en su libro '1936: Fraude y Violencia', desde la noche del 16 de febrero del 36, sin esperar a los resultados del escrutinio, los partidarios de la izquierda tomaron las calles y abrieron papeletas, falsificaron, tacharon, borraron y rasparon actas electorales. Otras simplemente desaparecieron.

Calculan que al menos más de 50 escaños no fueron fruto de una competencia electoral pulcra y legal. Si a los 240 asientos se le restan los que se obtuvieron en virtud del pucherazo, las izquierdas solas no habrían llegado al Gobierno.

Los golpes de Estado de la II República (V): La Revolución de octubre (III)

 

Es en Asturias donde la revolución triunfa. Con la ayuda de la CNT –inexistente en el resto de España- la UGT liderada por el diputado socialista González Peña toma el poder en toda la provincia. Se suceden asesinatos, de religiosos, guardias civiles y hombres de negocios, hombres a los que la izquierda siempre odió. En torno a 100 en menos de 2 semanas, se calcula.

El ministro de la Guerra aconsejado por Francisco Franco y Goded decide enviar a los regulares moros y a la Legión Extranjera. Toman sin excesiva oposición los puertos de Avilés y Gijón y bombardean algunos enclaves.

El bloqueo naval y la presencia del Ejército de África significaban el fracaso marxista, pero aún hubo otra semana de resistencia. Se estima que hubo aproximadamente 250 bajas por parte del ejército y 850 por los revolucionarios.

Los golpes de Estado de la II República (IV): La Revolución de octubre (II)

 

El 1 de octubre del 34 Gil Robles pide que su partido entre el Gobierno. Y pese a ser el partido más votado no exige ni la presidencia ni la mayoría de ministerios. 3 carteras ocupa –Agricultura, Justicia y Trabajo- únicamente.

Azaña, Martínez Barrio y Sánchez Román declaran que Alcalá-Zamora, a quién habían presionado, ha entregado la República a sus enemigos, lo cual supone en palabras de Azaña “una traición que rompe toda solidaridad con las instituciones actuales del régimen y afirma su decisión de acudir a todos los medios de defensa de la República”.

El PSOE y los catalanistas ya tienen la excusa para intentar derrocar al ejecutivo.

El 5 de octubre del 34, el PSOE y la UGT convocan una huelga nacional en todo el territorio nacional. El levantamiento en armas del proletariado fracasa en casi toda España.

En Barcelona, Dencás, consejero de Orden Público, aprovecha el caos para proclamarse Jefe de Gobierno de una Cataluña independiente. El presidente de la Generalidad le quita el micrófono y proclama el Estado Catalán de la República Federal Española e invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República a los dirigentes políticos contrarios al Gobierno.

Lerroux, aplicando la Ley de Orden Público proclama el estado de guerra y con suma facilidad y pulcritud el general Domingo Batet en poco tiempo vence la parva resistencia de algunos Mossos y obreros. 10 horas más tarde de la proclamación, Companys se rinde mientras Dencás huye por las alcantarillas rumbo a Italia.

Los golpes de Estado de la II República (III): La Revolución de octubre (I)

 

La izquierda –en la que subsumimos a globalistas actuales en todos sus posibles géneros y denominaciones: socialdemócratas, democratacristianos,  liberales, conservadores…- tiene como costumbre inmemorial el no aceptar los resultados democráticos cuando no se ajustan a sus pretensiones.

Azaña había creado una ley electoral que favorecía al partido más votado. Le salió el tiro por la culata.

En noviembre del 33 ganó la Confederación Española de Derechas Autónomas de Gil Robles. Con una diferencia de menos de 250.000 votos, las derechas tenían más del doble de escaños que las izquierdas.

El cobarde de Alcalá-Zamora sucumbió a las presiones de la izquierda y no llamó a Gil Robles a formar gobierno sino al centrista Lerroux.

Empero, el PSOE y los nacionalistas catalanes ya habían decidido conquistar el poder por las armas. Los primeros a por la revolución, los segundos a por la indapandansia.

El 3 de enero del 34, Indalecio Prieto declara al diario el Socialista: "Concordia no, guerra de clases. Concordia sí, pero entre los proletarios de todas las ideas... Pase lo que pasa, ¡Atención al disco rojo!".

En febrero, los anarquistas de la CNT le proponen a la UGT de Largo Caballero una alianza revolucionaria que el Lenin español, que había apoyado a Miguel Primo de Rivera, aceptó.

La prueba definitiva del que el PSOE preparaba una revolución armada, fue la compra por parte de Prieto, Negrín, González Peña y Amador Fernández de un importante alijo de armas descubierto el 9 de septiembre del 34 por la Guardia Civil a bordo del Turquesa. Una parte de las armas había sido ya trasladada a la Diputación provincial –controlada por el PSOE- y se usó en la revolución iniciada un mes más tarde.

La Esquerra Republicana de Catalunya era un partido racista -medían cráneos de catalanes para distinguirlos de los españoles, alentaban a las mujeres a no casarse con castellanos etc.-, cuya ala radical, las Juventudes de Esquerra Republicana de Cataluña plagiaban al fascismo italiano que los protegió y financió: eligieron las camisas verde oliva como uniforme identitario, celebraron desfiles de carácter paramilitar e impulsaron sus propias milicias, los escamots.

Como movimiento burgués, se contraponían a la inmigración castellana que iba a trabajar a las fábricas del cinturón industrial de Barcelona así como al movimiento obrero al que reprimieron brutalmente.

Los jefes de estas juventudes eran, Dencás, Consejero de Gobernación hasta octubre del 34, que apareció tras el fracaso de la revolución en el balcón de Piazza Venezia junto al duce; y los hermanos Badía, uno de los cuales fue responsable de los Mossos de Escuadra, que fueron asesinados, en venganza, por los anarquistas en la Guerra Civil.

Los golpes de Estado de la II República (II): La Sanjurjada

 

La persecución religiosa –quema de edificios, asesinatos de miembros del clero, redacción de la Constitución-, y la reforma militar de Azaña habían generado un magno descontento en el ejército.

El trigger del golpe fue el asesinato y la mutilación salvaje de 4 Guardias Civiles en Castilblanco. Los culpables fueron primero condenados a pena de muerte y posteriormente 6 a cadena perpetua y otros 7 a 20 años de prisión. En el 36, el Frente Popular indultó a todos ellos.

Como consecuencia de ello,  ante otro posible linchamiento motivado por una huelga en la localidad riojana de Arnedo, la Guardia Civil descargó contra la multitud y mató a 6 varones y 5 mujeres. El teniente que dio la orden de disparar fue absuelto de los cargos por homicidio y lesiones que se le imputaron.

Posteriormente, Azaña, destituyó a Sanjurjo, director general de la Guardia Civil y lo nombró director del cuerpo de Carabineros: un cargo de menor importancia.

Se dice habitualmente que Sanjurjo quería acabar con el régimen republicano. Esto es falso. Ni la sanjurjada ni, en principio, el golpe del 36, pretendieron acabar con la República.

Sanjurjo antes de levantarse se reunió tres veces con Alejandro Lerroux a quién quería de presidente del Gobierno.

La ejecución del levantamiento fue chapucera. El golpe triunfó el 10 de agosto en Sevilla pero no así en Madrid. Ninguna otra capital lo siguió.

Azaña que conocía con bastante antelación los planes del general, con la colaboración del jefe de su gabinete militar y del Director General de Seguridad organizó la defensa del Ministerio de la Guerra –actual Cuartel General del Ejército emplazado en Cibeles, Madrid- del que tuvieron que retirarse los sublevados. Otro grupo intentó apoderarse del Palacio de Comunicaciones, pero acabaron siendo hechos prisioneros.

En la tarde del 10 de agosto, una vez conocido el fracaso en la capital del Estado, salieron dos trenes militares a Sevilla y se movilizaron varias escuadrillas de aviación. Varios oficiales afines a Sanjurjo le comunicaron que no combatirían y le recomendaron huir a Portugal.

Sanjurjo fue capturado en Ayamonte, localidad fronteriza con el país luso, junto al general García de la Herrán y el teniente coronel Emilio Esteban Infantes.

Condenado a muerte por un consejo de guerra, la pena le fue conmutada por la de cadena perpetua a fuer de un decreto del presidente de la República, Alcalá- Zamora.

Finalmente Lerroux le amnistió al llegar al poder.

 

jueves, 24 de diciembre de 2020

Los golpes de Estado de la II República (I): El fundacional

Debe uno estar cegado por la mentira propagandística como para legitimar un cambio de régimen por la vía de unas elecciones municipales.

Dicho esto, definimos golpe de Estado como toda toma de poder ilegal.

El Comité Republicano –salido del Pacto de San Sebastián al que nos referimos al hablar de la masonería- fijó en la fecha del 15 de diciembre de 1931 un golpe militar que tumbara la monarquía.

Galán –masón iniciado en la logia «Hispano Americana», del Gran Oriente Español- y García Hernández se adelantaron sublevándose el 12 de diciembre, fracasaron en la toma de Huesca y murieron dos días después fusilados.

El 15 de diciembre, el jefe militar de la conspiración, el general de Brigada Gonzalo Queipo de Llano y el comandante de aviación Ramón Franco –el hermano masón del dictador- tomaron el aeródromo de Cuatro Vientos. Desde allí despegaron varios aviones cargados con octavillas llamando a la huelga y a la sublevación para lanzarlas sobre Madrid, pero cuando sobrevolaron la ciudad repararon en que la huelga prevista no se había producido ni ninguna unidad militar se había levantado.

Pronto huyeron a Francia. A posteriori fueron indultados por el Gobierno de la Segunda República y ocuparon los cargos de  jefe de la Primera División Orgánica y director general de la Aeronáutica Militar respectivamente.

No hubiera sido complicado para el régimen, llamado adecuadamente la «Dictablanda de Berenguer», procesar y ejecutar a los miembros del Comité Republicano por el artículo 284 del Código Penal de 1928 así como exponer a la opinión pública la verdadera naturaleza del movimiento. No se hizo.

La historia de las elecciones municipales del 12 de abril de 1932 es conocida. Las fuentes no saben con exactitud el nº de concejales de partidos monárquicos y republicanos aunque generalmente se le atribuyen un mayor número de concejales a las listas alfonsinas.

Se dice que los monárquicos ganaron por el pucherazo caciquil en los pequeños pueblos mientras que la mayoría republicana arrasó en las ciudades donde había limpieza. Podemos dudar de ello puesto que sabemos que por ejemplo el concejal del PSOE en Madrid, Andrés Saborit, hizo votar por su partido a millares de difuntos.

En cualquier caso:

1.     No hay datos fiables.

2.     Es aberrante, legal y lógicamente, justificar un cambio de Régimen por la vía de unas elecciones municipales.

La realidad es que el Rey cayó por falta de apoyos.

Durante la noche del 12 al 13 de abril, el mando de la Guardia Civil, José Sanjurjo, dejó constancia por telégrafo –circunstancia que fue conocida por empleados de Correos afines a la República- de que no contendría un levantamiento republicano. Los hombres fuertes del último Gobierno de Alfonso XIII, Gabriel Maura y el Conde de Romanones, instaron al rey a marcharse antes del 15 de abril.

Este, sumido en una depresión por la muerte de su madre, temeroso de acabar como la familia del último Zar de Rusia y sin ganas de propiciar una confrontación civil que pudiera comprometer la integridad de la familia real, se exilió.

 

martes, 22 de diciembre de 2020

La Ley de Orden Público de la Segunda República

El discurso dominante en prensa y educación sostiene que la Segunda República fue un período de libertad y democracia.

Ni lo uno ni lo otro.

Hoy vamos a hablar de la Ley aprobada por las Cortes de la Segunda República Española el 28 de julio de 1933 que sustituyó a la Ley de Defensa de la República.

En ella se preveían los estados de:

-   Prevención. La declaraba el Consejo de Ministros. No cabía suspensión de las garantías constitucionales. No había intervención de las Cortes.  Podía prorrogarse indefinidamente.  El Gobierno podía así suspender  los derechos de libertad de circulación, asociación, huelga, prensa, empresa, cierre patronal etc.

-         Alarma. Conllevaba la suspensión de las garantías constitucionales. Prevista por si el Estado de Prevención fuere insuficiente. La declaraba el Gobierno y podía prorrogarse previo acuerdo de las Cortes. Facultaba al Gobierno a practicar registros de domicilios, detenciones preventivas, censuras previas de cualquier impreso, destierros así como prohibiciones totales de los derechos de asociación, sindicación y tránsito.

-       Guerra. Declarado por el Gobierno. Supone el traspaso del mando de la autoridad civil a la militar que, sin cortapisas, podría tomar las medidas que considerase necesarias para restablecer el orden.

Esta Ley, la cual supone evidentemente una anormalidad en cualquier régimen que otorgue derechos y libertades, se aplicó durante prácticamente todo el remanente de la nefanda República, en todas sus formas –prevención, alarma y guerra-.

 

El peso de la masonería en la Segunda República

 El Pacto de San Sebastián, 17 de agosto de 1930, fue el acuerdo por el cual, mediante la técnica del golpe de Estado, se estableció como objetivo el poner fin a la monarquía de Alfonso XIII y proclamar la Segunda República Española.

Sus firmantes fueron Santiago Casares Quiroga –masón-, Marcelino Domingo Sanjuán –masón-, Alejandro Lerroux –masón-, Alcalá Zamora, Manuel Azaña –se hizo luego masón-, Fernando de los Rios –masón-, Jaume Aiguader, Carrasco i Formiguera, Eduardo Ortega y Gasset –masón-, Luis Nicolau d'Olwer -masón-, Rafael Sánchez Guerra, Álvaro de Albornoz –masón-, Fernando Sasiáin, Angel Galarza –masón-, Diego Martinez Barrio –masón- y Matías Mallol Bosch.

Buena parte de ellos pertenecieron al gobierno provisional de la República (14 de abril – 16 de diciembre de 1931). Numerosos autores calculan que 7 ministros, 15 directores generales, 5 subsecretarios, 5 embajadores y 21 generales eran masones.

Ferrer Belimelli calcula que un 39 % al menos de los diputados electos en 1931 eran masones. De todos los partidos excepto la Lliga Catalana y regionalistas vascos y navarros. En el bienio republicano-socialista, 17 ministros, 17 directores generales, 7 subsecretarios, 5 embajadores y 20 generales eran masones.

A posteriori, en las elecciones de noviembre de 1933, las izquierdas salieron derrotadas y tan solo fueron elegidos 55 diputados masones.