domingo, 19 de septiembre de 2010

Sombras en la noche (I)

Este es el título de mi primera y única ¿novela? inacabada, indigesta, intemporal, indecidida e indecisa.

I

Allá en la región más áspera, sucia, polvorienta, ruda, árida y perdida de la Tierra; la encontré mientras caminaba a ninguna parte.




Sería incluso incorrecto decir que la encontré; fue ella quien se fijó primero en mi mirada perdida, en mi estado somnoliento permanente, en la patología mental que sufro que me hace ajeno a cualquier estímulo vital. “Ché, pero que tonterías dices tú estabas caminando por la calle y ella se fijó en ti por tu atractivo masculino y porque sencillamente se aburría sin su novio al estar día a día con las mismas amigas, en el mismo sitio, sin temas ya de conversación, haciendo exactamente lo mismo. Tú la salvaste (un momento) de la monotonía soporífera de su vida en aquel terrible pueblo”.



Podríamos decir incluso que nuestras personalidades encajaban precisamente al ser ambos diferentes, opuestos. Yo no vivía de realidades, ni viviré nunca de ellas, yo vivo de sueños estelados, de fantasías de LSD escuchando Champagne Supernova mientras la Luna proyecta una débil sombra en la que mi figura casi va desvaneciendo en el tiempo, en el maldito tiempo.